En el año 2003 nosotros, la familia Lorenzo García compramos este edificio herido y abandonado; hoy hotel en Santiago de Compostela, guiados especialmente por nuestro amor por la buena arquitectura, la rehabilitación y especialmente por nuestra sensibilidad ante las fábricas arruinadas.
Pese a ser ajenos totalmente al mundo de la hostelería, decidimos en ese momento convertir las ruinas adquiridas en un noble y cálido hotel con encanto que no tuviera nada que envidiar a aquellos que habíamos frecuentado en nuestros viajes por Europa.
Queremos transmitirles, desde aquí, el orgullo que sentimos por la labor realizada, por haber devuelto la vida y el sentido a una obra que fue orgullo de una ciudad, la antigua fábrica de papel de Laraño en Santiago de Compostela.